Nuestra memoria es nuestra coherencia, nuestra razón, nuestra acción, nuestro sentimiento. Sin ella no somos nada.
Luis Buñuel, Mi último suspiro
How can I blame you when is me I can´t forgive?
Metallica, The unforgiven III
Amnesia anterógrada: Los nuevos eventos no son transferidos a la memoria a largo plazo, así que el que la sufre no será capaz de recordar nada que haya ocurrido después del inicio de este tipo de amnesia por más que un pequeño momento.
Amnesia, Enciclopedia Wikipedia.
Día 26. Paciente 5. Textual.
Los árboles negros dicen adiós con sus ramas abiertas sobre el cielo gris que acompaña la nevada. Después de unos segundos, la frágil escarcha azucarada, cae como perlas sobre el parabrisas. Hace frío. Lo sé por la cara del hombre en el asiento del copiloto; amontona nostalgia temprana en sus pupilas como si los recuerdos sean esos copos blancos dispersos en el campo que rodea la carretera. Parece que fuera ayer: Su cara es una hoja vacía con notas musicales que sabe que en poco tiempo sonaran en su memoria sorda a todo lo que no sea la sinfonía del paisaje. Van cayendo las notas al ritmo de la nieve, como estrellitas en un mapa estelar que se borra con el paso rítmico del limpiaparabrisas dispuesto a no dejar rastro del acontecimiento cósmico que ocurre en esa carretera, en ese día en particular, en ese tiempo donde dos amantes miran callados la boca negra del camino, esperando algo que se atraviese de pronto en medio, que acabe con esa angustia de sentir al destino tocándoles los hombros, acariciando el recuerdo de ese cielo gris con sus árboles negros y la blancura de la nieve que palidece los ojos con unas lágrimas en gestación. La memoria poco a poco pierde su pureza.
(¿Cómo puedo culparte si es a mí a quien no puedo perdonar?)
Día 36. Paciente 5. Textual.
Como si fuera el tiempo primero, la creación acaricia el pelo de la mujer al volante. Siguiendo las hebras castañas, el hombre busca el arcoíris con el tacto, mira el paisaje interminable que se extiende con los árboles que como negros soldados escoltan la mirada hacia el infinito color gris. La mujer sigue mirando el camino, perdida en el curso de buscar una estrella, de perseguirla hasta encontrar la luz que se escapa, que se olvida poco a poco. Ese destino que se escurre entre los dedos del anhelo, entre la ensoñación amorosa de lo que pudo ser. Así caen las emociones como copos de nieve a ambos lados del camino. Las miradas se sostienen por segundos y aunque se mantienen frías en la memoria, se olvidan poco a poco. Ella siente los dedos del amor entre su pelo, siente como acomodan sus cabellos tras su oreja y sonríe sin voltear a ver. Sabe que lo que viene no está en la mirada ciega de la caricia suave, sino en el espejo profundo del bosque, entre esos árboles que le dicen adiós a su mirada.
(¿Cómo puedo culparte si es a mí a quien no puedo perdonar?)
Día 43. Paciente 5. Textual.
¿Cómo puede culparla? El hombre no se perdona el olvidar la vista amorosa. El haberla sacrificado entre los copos de nieve que rodeaban la carretera. Mira como su anhelo se va con el movimiento del parabrisas que lava por instantes la tranquilidad de un lago congelado entre el paisaje que se puede ver dentro del automóvil cálido.
Él perdió de vista la belleza de ese instante por andar pensando en el gesto extraño de los árboles negros, en la nostalgia que empieza a nacer desde ese momento.
Su sombra vuela hacia el cielo gris como un ave voluminosa que se abre paso entre el frío, que simplemente olvida el lugar donde abandonó la caricia ciega de la ternura.
El arcoíris estaba en los ojos de la mujer, no en su cuerpo.
¿En que instante del futuro podrá perdonarse, si sabe que a partir de ahora sentirá que vive otra vida en un cuerpo distinto; en algún lugar muy lejos de esa nieve y del silencio de la mano que juega con sus dedos?
Quiero saber si todo nacería de nuevo… ¿De donde viene esta foto que miro todos los días a esta hora…?
— Abuelo, ahora mismo…
¿Cuánto la amas?








